EN RESCATE DE
LA INTELIGENCIA
“Qué frágiles son los bastiones de la civilización. El Holocausto nos
recordará para siempre que el conocimiento divorciado de los valores solo puede
servir para agravar la pesadilla humana; que tener cabeza sin corazón no es
humano”. Bill Clinton.
En toda la historia de
la humanidad existen dos hechos que observados incluso con ligereza, convierten
a sus victimarios y verdugos en una
equivocación obscena de Dios.
Solo pensar que alguien
tuviera la desgraciada fortuna de hallar a miles de “colaboradores” para cometer el genocidio más grande en
contra de la cultura judía, es de por si escabroso. Seis millones entre hombres, mujeres y niños
aniquilados inexplicablemente. Es decir,
la mitad de su población actual, que puede llegar a sumar algo más de trece
millones de personas.
Otro hecho repugnante
fue el sometimiento a la raza negra por
mercaderes de seres humanos. Sumergidos en la animalidad de sus instintos
y en la ambición de sus bolsillos persiguieron a los negros para
“utilizarlos” como mano de obra barata;
exonerándose de culpa con el pretexto de
que los negros eran similares a los animales, ajenos a ser considerados sujetos
de derecho, sin alma ni sentimiento.
Tan descomunal fue la
barbarie de la esclavitud que hoy la historia no acierta a establecer con
exactitud cuántos negros murieron a raíz de su cautiverio y tráfico.
Algunos historiadores hablan de
quince millones mientras otros
investigadores calculan diecisiete millones de muertos de los sesenta millones
encadenados.