El próximo lunes 9
de julio, por vez primera en Girardot, se prohibirá el tránsito de vehículos
“con motores de combustible fósil” (sic), como lo ha denominado el alcalde
César Fabián Villalba, secundado por el secretario de tránsito y transporte,
Daniel Fariña Higuera.
A vuelo de pájaro y caminando muy de prisa no se alcanzan a ver las manchas tan
pronunciadas que tiene este Decreto; el 080 del 27 de junio de 2018. A simple
vista habría que extender una red de agradecimientos a quienes de manera
desinteresada y prolija se preocupan por la situación medioambiental del
municipio. Pero ¿alrededor de algo aparentemente sencillo no existen
situaciones necesarias de revisar, preguntar, analizar y hasta controvertir?
Comencemos con la medida principal, el «Día del no vehículo automotor». Según
las autoridades, prevista como una de las metas del Plan de Desarrollo de
Girardot Para Seguir Avanzando (Cambio climático y desarrollo sostenible).
Lo primero para preguntar es qué niveles de contaminación registra Girardot.
Para contestar lo anterior, conocer en dónde se encuentran las estaciones de
seguimiento de polución que miden los agentes contaminantes del aire; y junto a
estas, quién y cómo maneja los sistemas basados en geostadística, que permiten
predecir los niveles de contaminación por Óxido de Nitrógeno.
Como lo determinan los expertos, las estaciones meteorológicas no pueden
ubicarse en cada rincón de la ciudad, lo que obliga, partiendo de muestras
existentes y datos cercanos, deducir de qué manera «pueden variar los niveles
de polución en el espacio y en el tiempo».
¿Toda la información y mecanismos necesarios los tenemos? O van a convertir una
campaña medioambiental que debe basarse en cifras estadísticas e
investigaciones científicas, ¿en un acto menos que experimental?
Al menos pudieron haber utilizado, para disimular la ignorancia y ligereza, el
INFORME NACIONAL DE CALIDAD AMBIENTAL URBANA de noviembre de 2016, en donde
Girardot aparece ubicada entre las ciudades de Colombia con más Baja Calidad
Ambiental, con un puntaje de 23.5. En este informe se determina que Girardot
«No reportó los indicadores de calidad del aire por no contar con SVCA». SVCA
traduce «Sistema de Vigilancia de la Calidad del Aire».
Igualmente advierte que no suministró informe de «porcentaje de residuos
sólidos aprovechados y consumo de energía residencial por habitante».
No hay que olvidar que sobre el mismo tema el diario El Tiempo publicó el 30 de
octubre de 2015 los resultados que nos colocó también entre las ciudades con
más Baja Calidad Ambiental Urbana; con una puntuación de 22.4.
Es decir que nuestro progreso según cifras es de 1.1 puntos. ¡Sorprendente
avance!
Para dejar zanjada esta primera arista, aclaremos que después de las ocho de la
noche del lunes 9 de julio, Girardot nunca va a conocer en cuánto se redujo la
contaminación del medio ambiente porque no tiene cómo medir la calidad de
nuestro aire. Esto es aplicar la ciencia a través de la intuición.
¿Preocupación de la administración municipal por el medio ambiente? Pues la
tienen más fácil aún. Revivan el tema del Comparendo Ambiental (Ley 1259 de
2008).
En el mes de septiembre de 2011 la alcaldía municipal ordenó la elaboración de
una cartilla pedagógica que señalara la instrucción completa sobre la Ley
citada.
Elaboradas las cartillas, no se distribuyeron. Los guardas de tránsito le
sacaban el cuerpo para ir a levantar el comparendo ambiental como lo ordenaba
la norma; la misma empresa de aseo se pasaba por la faja su responsabilidad
dentro del proceso sin que la autoridad superior la requiriera.
Al final, asfixiada por una manada rapaz de sátrapas, lacayos y tinterillos,
falleció. Qué digo falleció, ¡la asesinaron los holgazanes del Concejo
Municipal, los alcaldes de turno y todos aquellos que les parecía que si se
aplicaba tenían que realizar más trabajo del que realmente ejecutan!
Quieren hacer ver
al pueblo que se ha hecho un trabajo articulado, concienzudo y serio porque se
ha «sensibilizado» a través de sus «Viernes en bicicleta» el tema para este
lunes. Inclusive se atreven a ir mucho más allá trayendo como amigos solidarios
a las Naciones Unidas y el Día Mundial de la Bicicleta.
Primero hay que preguntar qué personas asisten los viernes a montar en
bicicleta; ¿no son acaso de la alcaldía arrastrando tras de sí familia, amigos
y vecinos? Y los que no pertenecen a este canasto, ¿han apreciado quiénes son?
Prefiero que lo juzguen ustedes mismos. Todo ese número, no asciende a cien
personas…y exagero.
¿Están dadas las condiciones de seguridad para invitar al ciudadano a comprarse
una bicicleta de «gama media» para que recorra el municipio por donde quiera
sin exponer su integridad física?
¿Es posible movilizarse en cicla cotidianamente cuando Girardot oscila entre
temperaturas de 30° a 36° promedio? ¿Llegar a trabajar a las dos de la tarde a
una oficina con aire acondicionado, después de haber pedaleado 20 o 25 minutos
con tales temperaturas, resulta sano y presentable? ¿En una casi ciudad en
donde los árboles son vistos como plaga y son mutilados salvajemente incluso en
épocas de crudo verano?
No conozco la infraestructura vial que me indique en dónde se encuentran los
carriles exclusivos para el tráfico de bicicletas (ciclorrutas). El secretario
de tránsito y transporte quiere encantar diciendo que Girardot va a emular a
grandes ciudades del mundo que tienen también su día sin carro.
No vayamos tan lejos secretario de tránsito. Hablemos de lo cercano para no
lastimarnos. Bogotá tiene en la actualidad 392 kilómetros destinados al
tránsito de ciclistas. Eso la ubica en América Latina como la ciudad con más
kilómetros con ciclorruta.
En cambio, Medellín, señor secretario, tiene 44 kilómetros de ciclorruta. Sin
contar cada una de las arandelas que las hacen transitables y seguras.
Disculpe lo interrumpo secretario, ¿cuántos kilómetros de ciclorruta le ofrece
Girardot a los colombianos?
Cuando les conviene traer ejemplos externos, los aprovechan como el mejor de
los encantadores, pero nunca muestran el fondo del sombrero, en donde en lugar
de un conejo, se retuerce un mal oliente dragón con forma de duende calvo.
Hablemos un poco de la ciudadanía. En dónde quedó la socialización del evento,
antes de querer engañarnos de que cualquier deficiente entrevista radial o mini
comunicado de prensa lo fue; cómo involucraron a quienes realmente tenían que
definir la aprobación de esta programación.
Emulemos nuevamente secretario de tránsito; Bogotá fue la primera ciudad en
Colombia en adoptar una medida como esta (24 de febrero de 2000). Pero se llegó
a ello porque se realizó una consulta popular, Decreto 1098 de 2000; como debe
ser cuando se conocen los derechos constitucionales de los ciudadanos. Se sabe
en Girardot, acaso, ¿cuántas personas están en acuerdo o desacuerdo con lo que
ocurrirá este próximo lunes?
El tema de los comerciantes me ha inquietado bastante. Hay un sector de la casi
ciudad, comercialmente hablando, que no tiene su nicho en la demanda del
domingo. Lo que quiere decir que el lunes siguiente tienen, si no su revancha,
si su oportunidad de un comportamiento normal para el movimiento de su
mercancía u ofrecimiento de servicios. Deben suponerse entonces dos
posibilidades: o los comerciantes apoyan el día sin carro sin afectación a sus
intereses económicos o sencillamente fueron ignorados de tajo sin siquiera el
respaldo de la Cámara de Comercio de la localidad.
Y hablando de economía y comercio, la alcaldía tiene y utilizará los medios
para determinar ¿a cuánto ascenderá (o de pronto no) el valor de mercancías y
servicios que se dejarán de vender durante estas catorce interminables horas de
prohibición de tránsito vehicular? Esas estadísticas deben existir. Sobre ellas
es que se deben tomar las decisiones acertadas para las próximas
programaciones.
Si no improvisan y creen tener un sistema de trasporte público robusto y
eficiente, ¿por qué postergar el ingreso al colegio para el martes cuando ya
estaba programado que el lunes ingresarían algunas instituciones? Cuándo
repondrán ese día? Tendrá la respuesta seguramente la secretaria de Educación.
Solamente alcanzo a ver un beneficiado directo; y eso no me permite ver las
cosas con claridad; el transporte público legalmente organizado.
Ellos. Los mismos que han pedido cabezas consecutivas, como safaris, de
secretarias y secretarios de tránsito por la proliferación salvaje del
transporte ilegal; los mismos que protestan por la inseguridad en las calles;
esos mismos que el 25 de mayo de 2017, desde las primeras horas de la mañana,
comenzando en la Plaza de Mercado, le explicaban al pueblo que paraban porque
se respiraba un fuerte descontento por todo lo anteriormente expuesto.
Curiosamente cuando hoy, un año después, ninguno de sus problemas ha sido
solucionado, por el contrario, empeoran vertiginosamente, como el estado
miserable de las vías, el gremio de los transportadores guarda un complaciente
y conveniente silencio, que parece premiarse con catorce horas libres para
trabajar a su antojo. Quiero decir con esto, cobrando lo que les plazca y
realizando colectivos (los taxis), y sin la competencia del transporte ilegal a
su lado.
Y que no me vengan ahora con el discursillo chimbo de siempre, de que estoy en
contra de Girardot. No es cierto. Estoy en contra de la improvisación, en
contra de las mentiras, en contra de las comparaciones convenientes y
engañosas, en contra de implementar medidas pertenecientes a ciudades
estructuradas y crecientes que no calzan en los pies de municipios decadentes
administrativa, política y económicamente como lo somos nosotros.
Llegará el martes 10 de julio y saldrán los mismos de siempre a mostrar su cara
maquillada por la radio, dando un parte de victoria a lo que ellos llamarán
éxito. Pero les aseguro, y me comprometo con esto, que ninguna de las
anteriores preguntas, inquietudes o deducciones, tendrán una sola respuesta
seria despejando ninguna de las inquietudes.
¿Saben por qué? Porque no hay respuesta a ninguna de las anteriores preguntas
con la que ellos queden bien parados. ¡Son los reyes de la improvisación!
Después, ¿con qué querrán los niños jugar?